lunes, 23 de mayo de 2016

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No había cosa mas placentera que verla dormir, en mis brazos, después de hacerle el amor, después de entregarme en cuerpo y alma a aquella hermosa mujer. Sentirla pegada a mi pecho, escondida entre mis brazos y mi cuello, sentir el latir de su corazón en un ritmo lento y tranquilo, diferente al de momentos  atrás; era como alcanzar la felicidad, la plena y absoluta felicidad de saber que estaba ahí, conmigo, que compartimos ese momento y de que solo eramos ella y yo, en un abrazo fuerte e infinito. Verla tan tranquila me llenaba el pecho de satisfacción; sentir su respiración chocar contra mi piel era como recibir mil besos de aquellos rosados, inflamados y carnosos labios; sentir como se removía en mis brazos eran las mejores caricias que su cuerpo podría proporcionarme y escuchar esos exquisitos quejidos roncos entre sueños eran una deliciosa y placentera melodía que me erizaba la piel y me arrullaban en la eternidad de la noche.

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