domingo, 13 de marzo de 2016

Algo para decir...


Él leía, leía mientras acariciaba distraída mente mi cabello, él leía y las  palabras escritas en aquel libro salían de su boca en profundos y roncos sonidos, sus ojos seguían las líneas del texto y los míos seguían el hipnótico movimiento de sus labios, aquellos carnosos y rosados labios que tanto amaba morder y besar. Me gustaba tenerlo así, de esa forma, a mi lado, en su estado más natural, despreocupado, feliz y apasionado, compartiendo un pasatiempo tan común, pero que provocaba más de una emoción en mi cuerpo. Amaba que nos conectábamos en otros ámbitos, que nuestra intimidad no se veía solamente resumida en la satisfacción sexual, si no en la satisfacción de desnudarnos el alma, de vernos en nuestro estado más débil y vulnerable, un estado en el que no hace falta decir o hacer nada, un estado en el que ambos nos podíamos desenvolver y ser nosotros mismos, ese estado tan íntimo, tan apasionado, tan nosotros...

Él leía, leía para consentirme y hacerme feliz, leía para encender cada sentimiento que habitaba en mi cuerpo, leía para mí y solo para mí; él leía y esa era mi adición, él era mi canción favorita, el vocalista de mi grupo favorito y ahora es el dulce y doloroso sonido que solo pudo oír en los tristes recuerdos que tengo de su voz.


Angie Giordanelly Calderón 

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