martes, 1 de marzo de 2016

SOLO ES UNA MALA PASADA

La pequeña Belén de 11 años, corre velozmente hacia el cuarto de su hermana mayor, entras azotando la puerta y se lanza a la cama de esta gritando eufóricamente.
- ¡Julieta, hay algo raro en mi habitación! Está pasando de nuevo – dice con finos rastros de lágrimas sobre su pequeño rostro –por favor, ven que no te estoy mintiendo.
- ¡Belén! te he dicho muchas veces que no vengas a mi cuarto con esas boberías- dice su hermana mirándola con el ceño fruncido - vete a dormir, mañana tengo escuela – y dando por finalizada la conversación, rueda hasta el otro extremo de la cama y se cubre hasta la coronilla.
La pequeña  niña sabe que una vez que su hermana se voltea, es caso perdido que le preste su atención; sin embargo esta vez tendrá que escucharla.
-¡Julieta!- dice la pequeña con voz decidida – te estoy diciendo la verdad, hay algo allí, sentí su respiración en mi cuello y sus pasos cerca de mi cama – observa a su hermana, quien se hace la sorda; así que decide decirle – bueno, mañana cuando te levantes y notes mi infantil cuerpo sobre mi cama llena de sangre, desearas haberme creído – y sabiendo que ha logrado lo que quería, gira sobre sus talones y empieza a caminar hacia su cuarto, escuchando como Julieta suelta un gruñido y se levanta de la cama.
-Te haré un bonito funeral, te lo aseguro- dice sacando a su pequeña hermana de la habitación – solo es tu mente jugandote una mala pasada, Belén - y dicho esto cierra la puerta, al parecer su chantaje no funciono.
La pequeña camina a paso lento hacia su habitación, sabiendo lo que le esperaría en unos segundos; sabe que no es cosa de su mente, sabe que eso es real y que eso viene por ella.
Temerosa abre la puerta de su habitación y contando hasta el número tres, corre hacia su cama y velozmente se tapa con el edredón completamente, dejando un pequeño agujero para que el aire pueda entrar.
Inhala
Exhala
Inhala
Exhala
Se ordena, mientras escucha a su desenfrenado corazón golpear contra su pecho, el sonido de los grillos la ponen alerta, los ladridos de los perros de los vecinos la alteran, el constante golpe del viento contra su ventana le ponen los pelos de punta, pero los ronquidos de su padre en la otra habitación la tranquilizan. Entre todo el ruido, escucha unos pasos en el pasillo cerca de su recamara; esta en alerta, esperando el momento del “impacto”, los pasos se detienen frente a su puerta y escucha el carraspeo de su padre al otro lado de la puerta, quien se levantó a tomar un vaso de agua. “ Que susto el que me pegue” pensó Belén tomando aire. Cuando empieza a creer que posiblemente su hermana tenía razón, se oye un estruendoso golpe cerca de los pies de la cama, la coge desprevenida, el aire se le atora en la garganta, abre bien sus enormes ojos y se enrolla más en si misma, empieza a contar.
-uno, dos, tres, cuatr..- un escalofrió le recorre la médula, unos pasos rápidos como de un animal se escuchan cerca de su cama, se oyen rasguños, como garras tratando de caminar sobre el suelo de madera; Belén fuerza a su garganta a tragar saliva, la prepara para el horrible grito, pero se encuentra seca y la voz se le queda atorada a medio camino; ella trata de calamar sus nervios, pero un horrible jadeo agudo y seco, le aceleran el pulso a mil, la pequeña dándose por vencida, decide mirar el rostro del autor de sus miedos y por el pequeño respiradero observa en el suelo una sombra bastante irregular de un cuerpo a sus espaldas, se da cuenta que sus posibilidades de salir de esta son nulas,  aprieta sus ojos con fuerza y se repite a si misma que debe tranquilizarse.
Lentamente abre sus ojos, la silueta ya no está; la pequeña se altera, no cree que eso la haya dejado así como así, sin embrago sonríe, vuelve a respirar, aunque sigue algo intranquila; cierra sus ojos en un acto de alivio y se gira para cambiar su incómoda posición, se quita el edredón de encima y se estira para relajar los músculos, abre perezosamente los ojos y se encuentra con el cuerpo del terror, una silueta, alta, delgada y con largas extremidades frente a ella; no tiene rasgos físicos, ni nada que le haga resaltar su figura, no hay nada diferente al sobresaliente negro, pero la silueta abre sus ojos, unos ojos blancos que combinan con una reluciente y felina sonrisa que empieza a formarse justo debajo de sus inquietantes ojos; quizás no era solo su mente jugándole una mala pasada.
Belén no hace nada, solo está allí acostada, mirando a aquella cosa, pegada al techo, con extremidades grandes y expresiones de muerte; la silueta empieza a descender, hasta el punto en el que está sobre la cama, cerca de Belén, cerca de su rostro;  No se mueven, solo se observan, esperando que el otro haga el primer movimiento, pero Belén sabe que el primer movimiento no vendrá de parte de ella, está esperando a que la silueta haga algo y lo hace, aunque no es lo que ella esperaba. La silueta abre  su gigantesca boca y deja ver los colmillos que tiene por dientes, saca su babosa y larga lengua y la pasa por todo el rostro de la niña, se toma su tiempo solo para hacer más larga la tortura, cuando finaliza observa a la niña y empieza a retroceder hasta el suelo, sin apartar la mirada de la pequeña, en este se abre un agujero y la silueta es absorbida por él;  Belén no tiene tiempo para asimilar lo que ha pasado cuando la misma silueta vuelve a aparecer y estira sus oscuros brazos -acompañados de largas garras- paras atrapar a las piernas de la pequeña y comienza a arrastrarla hacia el agujero,  la pequeña suelta un grito y trata de liberar sus piernas del agarre, se retuerce, llora, araña los barrotes de la cama de madera, se aferra de las sábanas blancas de flores, intentando salvarse mientras grita el nombre de Julieta para que la saque de esta pesadilla; esa palabra resuena en su mente, se le ocurre que solo es un mal sueño y que antes de que pase algo malo despertara; así que libera su agarre de las sabanas y se deja llevar, esperando despertarse , pero lo peor es que se  queda esperando, porque aquello es real, porque aquello se la lleva hacia la oscuridad, porque aquello no es su mente jugándole una mala pasada, aquello son sus miedos arrastrándola hasta los confines de la maldad, de la soledad y de la crueldad, aquello que no se ve en la oscuridad, pero que se puede percibir y que se manifiesta en todas las formas posibles.
-Angie Giordanelly Calderón
(solo ficción)

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