Mi abuelo en sus años de juventud había adoptado el pasatiempo de viajar alrededor del mundo en busca de nuevas experiencias, nuevas aventuras y nuevas historias que les contaría a sus hijos y a sus nietos cuando llegara el momento. Así que cuando ese momento llego se sintió devastado por tener que dejar su pasión, pero luego se sintió emocionado pues ya que una nueva pasión empezaría en aquel instante.
Un día cuando mis primos y yo éramos más traviesos, mi abuelo nos contó una historia que el etiquetaba como la mejor de todas, decía que tal vez no se comparaba con las historias acerca de los persas o de los marroquíes y que nos parecería aburrida, pero que para él era especial y quería compartirla con sus nietos; así que con la voz forzada por la edad y con un tenue brillo de nostalgia es sus ojos comenzó a relatar:
“En aquel entonces aun no había conocido a su abuela y agradezco que ella vino después de esta experiencia.
Mis compañeros de viaje y yo decidimos que nuestro próximo destino seria alejado del exterior y más centrado en nuestra propia cultura colombiana, así que decidimos dirigirnos a la Guajira, un lugar en donde encontraríamos la vieja cultura de nuestros ancestros antes y después de la llegada de los españoles, fuimos en busca de la cultura Wayuu, una tribu que aún sigue caminando por el desierto de la Guajira colombiana. Llegamos conociendo muy poco de la cultura, sabíamos que algunos hablaban castellano así que nos fuimos pidiéndole a Dios que nos encontráramos con alguien conocedor de nuestro idioma; al llegar nuestra suplica tuvo efecto y nos encontramos a Waki un hombre wayuu que conocía nuestra lengua, él nos llevó a su rancho y nos presentó a su familia como los “arajunas” que significa gente no wayuu.
Durante la cena, un hermosa joven morena de 17 años, hija de Waki se acercó a nosotros y con un tono nervioso nos preguntó si le podríamos contar cosas sobre el exterior, gustosos aceptamos y le relatábamos distintas cosas acerca de la historia y de la actualidad a la joven cuyo nombre era Yani, ella también nos contó cosas de su tribu, como que Cuando a las niñas les llega la menstruación, tienen que pasar por un ayuno que puede tomar hasta 3 días. Este ayuno es una especie de purificación y paso de la pubertad a la adolescencia. Nos dijo que durante su adolescencia y pubertad, la joven wayuu era educada para ser una buena mujer que se hiciera cargo de los niños y que fuera sabia para tomar decisiones que correspondían a su familia. Pasaron los días y poco a poco me enamore de la joven, pasábamos gran tiempo juntos e incluso llegamos a confesarnos lo mucho que nos queríamos, realizamos planes juntos e incluso llego a decirme que se quería ir con nosotros de su pueblo, pero la felicidad duro poco. Un día Yani tuvo un sueño en el cual su pueblo era visitado por los españoles y que estos encendían su pueblo en llamas , los wayuu creen en el poder de los sueños y toman estos como predicciones, así que cuando alguien de la tribu tiene un sueño con un mal presagio realizan una danza ritual para que este no se cumpla, Yani creía que era una señal de que debía alejarse de mí y que debía permanecer en su pueblo preservando su cultura, cumpliendo con su deber de mujer wayuu pues ya que para ello la han criado y educado durante su adolescencia y madurez.
Así que cuando llego el momento de partir Yani se quedó con su tribu, siguiendo con su tradición familiar, sus padres querían que ella se casara un alguien de su tribu, alguien con quien pudieran canjear la mano de su hija.
Los wayuu son devotos a su cultura, aunque se estén dejando influenciar de los avances de la sociedad, siguen siendo fieles a sus tradiciones.
Recuerdo este viaje por que no solo llegue a conocer una cultura, sino que me enamore de ella, no quería dejarla pero sabía que no me pertenecía y que jamás sería mía”
-Angie Giordanelly Calderón
(solo ficción)
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